Las ojeras de Mario Draghi

Marcos Escudero

OPINIÓN

Draghi cada día tiene la ojeras más marcadas. Nadie le dijo que esto iba a ser fácil, pero tampoco que se lo iban a poner tan difícil.

Con Francia estancada, Italia en recesión y Alemania a punto de entrar en ella, las cosas parece que no acaban de enderezarse y amenazan con torpedear la tímida recuperación en España que, quién lo diría, es ahora el referente positivo en Europa.

Salir de una crisis tan pronunciada como la que nos ha tocado vivir no va a ser un paseo militar. Habrá altos en el camino por falta de confianza, como el que estamos sufriendo ahora, después de que la zona euro se estancase en el segundo trimestre.

El círculo vicioso de elevado paro y baja inflación no es fácil de romper, porque está sostenido por unos niveles de deuda muy elevados, herencia de los años de vino y rosas.

La solución pasaría por aplicar políticas fiscales y monetarias inflacionarias, pero en una etapa de desapalancamiento, como la actual, es complicado impulsar políticas fiscales expansivas desde lo público por su incompatibilidad con la reducción del déficit.

Alteraciones de mercado

Solamente nos quedan, por tanto, los estímulos monetarios del Banco Central Europeo, que pueden ayudar, pero lo que hacen en el fondo es alterar el mercado fijando unos tipos de interés artificialmente bajos y absorbiendo en su balance parte de la deuda del sector privado.

Podemos pensar que a buen hambre no hay pan duro. Pero estas medidas habrá que revertirlas con el tiempo, no pueden ser eternas. ¿Qué solución queda entonces? Pues nada más que confiar en los agentes económicos. Son las familias y las empresas las que tienen que llevar el timón de la recuperación. El Banco Central Europeo y los Gobiernos tienen que intentar ponerlo más fácil, porque cada vez que una empresa no se crea por culpa de un trámite burocrático infinito o cada vez que un turista ruso decide no venir de vacaciones a España por motivos políticos, supone una piedra más en el tortuoso camino de la recuperación. Es ahí donde tienen que ayudarnos, pero no van a ser ellos los que nos saquen de esta crisis. El dinero barato está muy bien, pero no sirve de nada si no tenemos proyectos viables donde invertirlo. El crecimiento se consolidará cuando nos creamos que esta sí es la buena. Y para eso hace falta confianza, nada más que eso.

Recordando a Kennedy

Cuando veo las ojeras cada vez más marcadas del presidente del Banco Central Europeo, y escucho su grito de auxilio para que los Gobiernos de la zona euro con las cuentas más equilibradas lancen sus propios planes Marshall de estímulo económico, me vienen a la cabeza aquellas palabras pronunciadas por John F. Kennedy en su discurso de investidura como presidente. Traídas a la convulsa Europa de nuestros días, las podríamos convertir en: «No preguntes lo que Draghi puede hacer por ti, pregunta lo que tú puedes hacer por Draghi».