Once de cine


El fútbol es un juego que da pie y bola (nunca mejor dicho) a otros muchos juegos. Decía el escritor Javier Marías que a algunos futbolistas se les conoce de lejos por su forma de caminar. No hace falta más. Que les pasa como a las estrellas de cine. Cuando son grandes de verdad se les ve venir, desde la grada o desde la platea. Tienen algo que los distingue en cómo mueven las piernas y cargan o no los hombros. En cómo desafían con sus mentones o esquinan la cabeza. Imposible no distinguir la forma de andar de Di Stéfano o no saber que quien se baja del caballo es John Wayne. Juguemos a un once mundial con las estrellas de cine. Démosles papel de jugadores ¿Por qué no? John Wayne sería central. No hay duda. Impecable en el marcaje y en el juego aéreo. A Henry Fonda, con su sonrisa, lo veo más generoso, como infatigable interior, como un correo del zar, sin dejar de correr. Un Lampard. A Gary Cooper lo ubico de portero. Alto, un Cortuois que impone respeto. A James Stewart lo veo en la banda, un carrilero capaz de darle varias vueltas al kilometraje (como al metraje). Y Marlon Brando. Marlon Brando sería ese media punta extraño, ese falso nueve, ni delantero ni medio, pero con ese secreto que los genios guardan entre su pecho y su mirada para abrir todos los candados. Y todos ellos deberían rendir pleitesía a Lauren Bacall, esa luz de su mirada que apagó el clic de la muerte.

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