Una responsabilidad compartida


El uso peligroso o poco saludable de Internet y las nuevas tecnologías no es un problema ni nuevo, ni menor, ni exclusivo de nuestros hijos. No es un problema nuevo porque existen antecedentes ya del año 1996, cuando expertos como Kimberly Young advertían desde Canadá de los riesgos asociados a Internet y planteaban ya la existencia de una posible ciberdependencia. Desde hace casi diez años la Comisión Europea viene promoviendo un ambicioso proyecto (Eukids on line) en el que participan más de un centenar de investigadores y expertos de 33 países (entre ellos España), que han venido proporcionando regularmente datos acerca de los usos que los menores hacen de la Red. Fruto de una macroencuesta realizada a más de 25.000 adolescentes, nos advirtieron hace ya cuatro años que la inmensa mayoría de los jóvenes utilizan regularmente Internet, que los motivos de uso y las prácticas son muy diversas, y que, por lo general, la mitad de los padres no nos enteramos.

En Galicia, en torno al 50% de los padres sigue sin enterarse de nada y no ponen ningún tipo de control o límite al uso que sus hijos hacen de la Red. ¿De dónde ha salido esa moda de regalar un smartphone por la primera comunión? Los datos nos dicen que 1 de cada 3 adolescentes ya dispone de teléfono móvil antes de los 11 años. Y me pregunto si un niño de 9 o 10 años está preparado para acceder a determinado tipo de información. Supongo que la respuesta es obvia y compartida, por eso tengo cada vez más la sensación de que nuestros hijos se hacen adultos prematuramente, mientras que los mayores accedemos a una suerte de adultescencia generalizada, que nos hace pasar horas y horas guasapeando y tuiteando como quinceañeros. La nomofobia (miedo irracional a estar sin el móvil), el phubbing (que consiste en restar atención a quien nos acompaña y prestársela más al móvil), o el síndrome de la vibración fantasma (sentir la vibración del teléfono cuando no vibra o ni siquiera lo llevamos encima) son nuevos vocablos que representan situaciones tan paradójicas como frecuentes en nuestros días, que uno puede comprobar caminando por la calle, en una terraza, en una cafetería o en una comida familiar de domingo.

Creo que esto de los menores y las nuevas tecnologías ni es un problema nuevo, ni menor (ya que las cifras revelan que va en aumento) y que para nada es exclusivo de los adolescentes, sino de una sociedad cada vez más ajetreada, despistada e irresponsable, donde lo urgente no deja tiempo para lo realmente importante. Internet y las nuevas tecnologías han cambiado y cambian cada día nuestra manera de comunicarnos, de leer, de aprender, de comprar y de vender, de iniciar y cerrar relaciones y, en definitiva de vivir.

Pero esto es responsabilidad de todos, compartida: de las madres y de los padres, de los educadores y de las instituciones. Debemos ejercer nuestra responsabilidad como personas, educando a nuestros hijos en los valores de siempre, los que nos han hecho llegar hasta aquí? y predicando siempre con el ejemplo.

Por Antonio Rial Boubeta Psicólogo de la USC director del estudio

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