Regenerar

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

No es cierto que cualquier tiempo pasado haya sido mejor. Pero cuántas veces nos dan motivos para la nostalgia. Nos pasamos años hablando de la necesidad de regenerar la democracia, de reconducir un modelo en el que los partidos acabaron por confundir la representación de los ciudadanos con el hurto de la soberanía, de que la corrupción que anidó en la política sea desterrada, de que los compromisos con los electores son sagrados. Y, sin embargo, cuando el partido del Gobierno habla de regeneración democrática parece como si hubiese abierto la caja de los truenos.

En cierto modo lo ha hecho. Ni el ambiente político es el más propicio para lograr el entendimiento obligado en un plan con semejante objetivo ni el momento, a nueve meses de unas elecciones, es el mejor para plantear un cambio profundo en las reglas del juego. Visto así se diría que tal propósito es imposible, porque siempre hay unos comicios a la vista y porque quienes proponen conducir el cambio primero tienen que mudar sus comportamientos viciados.

Pero no perdamos la esperanza. Pensemos que la idea ha calado tanto en la sociedad que sus políticos, aunque solo sea por instinto de supervivencia, la van a afrontar con la inteligencia necesaria para renuncia a sus propios privilegios. Que harán lo posible para que nadie interprete que, una vez más, hay ventajismo en los planteamientos. Que los que gobiernan y quienes están en la oposición pondrán la vista más en la próxima generación que en las próximas elecciones. Que nadie tendrá la tentación de pensar que solo hay sitio para dos, como mucho tres, invitados en esa mesa. No sería una situación inédita: cinco partidos tejieron la Constitución vigente.