El asesinato del periodista norteamericano James Foley ante las cámaras, como amenaza de lo que una banda terrorista que se proclama como una organización estatal, constituye, aparte del horror, un reto a toda la humanidad civilizada del siglo XXI que debería tener una respuesta contundente por quien representa a todas las naciones del mundo, es decir, las Naciones Unidas. Porque este reto no es a los EE. UU., ni a Europa, es a toda la Humanidad, no solo por este execrable asesinato de un informador, sino por lo que viene detrás. Es del calibre del ataque de las torres gemelas (2001) que desencadenó la guerra de Afganistán. La respuesta, como dijo recientemente el papa Francisco, debe ser de todo el mundo civilizado. Ya está bien de persecuciones a los que no se pliegan a los deseos islamistas. Ya está bien de amenazar a todo el mundo. Ya esta bien de fanáticos religiosos que reciben armas y dinero de no sabemos quién, o sí. No hay más respuesta que la militar con un ejército internacional para acabar con esa amenaza que puede llevar al mundo a una guerra interminable. Oriente Medio puede arder por los cuatro costados y con ello Europa y todo el norte de África se vería afectados. Además de crear una crisis económica de mayor alcance. El momento es ahora, la decisión está en manos de la ONU, incluyendo a los Estados árabes en primera fila, que se tienen que poner de acuerdo, porque ellos son los más perjudicados.