Obama y los peshmerga


No son «adoradores del Diablo». Creen en un único Dios y en siete ángeles encargados de regular la vida de los hombres en la tierra. Aunque los musulmanes, conquistadores de Mesopotamia, la cordillera de los Zagros y el desierto iraní impusieron a sangre y fuego su nueva fe, los yazidíes no sucumbieron. De etnia kurda, por el secretismo con el que practicaban su religión, una forma de protegerse de las agresiones en un entorno sumamente hostil, fueron tachados de demoníacos para alentar su persecución. Los yazidíes son, junto con los asirios modernos, los caldeos, armenios y otros, los más antiguos habitantes del norte de Irak. De hecho, los yazidíes practican una variedad del zoroastrismo, vestigio de civilizaciones más antiguas de Oriente Próximo, que merece extrema protección.

Concentrados en la zona fronteriza entre Siria e Irak, ante el avance de los carniceros del Estado Islámico, huyeron a las montañas y el Kurdistán iraquí, ya saturado con refugiados de la provincia de Nínive. La inoperancia del ejército iraquí ha propiciado que los peshmerga del Kurdistán iraquí, la YPG, grupo opositor kurdo en Siria y los guerrilleros del PKK de Turquía, hayan formado una alianza histórica para hacer frente a los terroristas. Constituyen la única defensa de millones de personas: cristianos y musulmanes, árabes, asirios y kurdos. Por fortuna, parece que Obama ha reaccionado a tiempo para proporcionar la asistencia humanitaria y la cobertura militar que los kurdos necesitan para impedir un nuevo genocidio y frenar el avance de un nuevo estado talibán a las puertas del Mediterráneo Oriental.

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