Acoso en el Ejército


La capitana Zaida Cantera, víctima de acoso sexual y laboral en el Ejército, ha abandonado deprimida esta institución. La capitana denunció al coronel Isidro José de Lezcano-Mujica, que fue condenado en el 2012 a dos años y dos meses de cárcel por actos gravemente atentatorios contra la libertad sexual de Zaida Cantera, según la sentencia.

Pero este éxito de la capitana en los tribunales fue el anuncio de un calvario persecutorio en el trabajo. Las opciones de promoción de la capitana se fueron al garete. Y fue acusada de un delito -inexistente- de deslealtad y, cuando esta acusación no prosperó, fue acusada de otra falta grave, castigada con dos meses de arresto.

Zaida Cantera no se arredró y presentó denuncia de persecución contra un general, dos coroneles y un teniente coronel. Los mandos fueron imputados y desimputados en el tiempo que canta una muiñeira un gallo mañanero, y el general Ramón Pardo de Santayana fue ascendido a brigada de división.

Ahora el Gobierno lanza un anteproyecto de ley que tipifica en el Código Militar el acoso sexual y laboral. El Ejército ha necesitado 36 años de vida democrática para estar en trance de contar con una ley que va a endurecer las penas contra estos delitos.

Pero el Ejército debe asumir que no es desleal con la institución quien, como la capitana Cantera, denuncia el acoso sexual, sino que los delincuentes son los mandos que, según la propia sentencia, conocieron los abusos sexuales e, ignominiosamente, desviaron la vista del gravísimo delito.

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