La dura realidad


Estábamos en plena fiesta de celebración del inicio del «círculo virtuoso» de la recuperación económica, cantado por Montoro, y viene Benestar a chafarnos la juerga. La consellería presenta unos datos que, no por desconocidos, dejan de helarnos el alma, porque superan los manejados hasta hoy. Y hacen que volvamos a la realidad.

El resumen es que unas 18.000 familias gallegas con menores a su cargo se encuentran en una situación de pobreza severa, lo que equivale al 7,4 % de las familias o parejas con hijos menores de edad. Estos desventurados son los más apremiantes de una realidad que, en un grado menor, condiciona la vida del 26 % de los hogares gallegos, que son los que padecen algún tipo de pobreza.

En un país en quiebra y sin recursos, sería fácil acudir a la resignación para asumir estas cifras. Pero en uno que, sin ir más lejos, ayer mismo puso 12.000 millones de los bolsillos de todos, de los presupuestos generales, de lo que deberíamos dedicar a los que pasan hambre, encima de la mesa, resulta cuando menos obsceno e indecente. Las necesidades básicas crujen los huesos de una cuarta parte de la sociedad mientras en los madriles se entretienen discutiendo si Podemos tiene un programa utópico o no. Será para ver si pueden aprovechar algo, porque el de ellos, visto está, no nos sirve ni para garantizar un derecho básico de todo ser humano como es el de no tener que vivir en la miseria. Pero eso no va con ellos.

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La dura realidad