¿Y ahora qué?

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Los sucesivos desastres electorales han llevado al PSOE a dar un paso histórico, obligado por la presión de las bases, la elección de su nuevo secretario general por la militancia. Una salida tan audaz como arriesgada, porque la victoria de Pedro Sánchez, un político prácticamente desconocido hasta hace un par de meses, no cierra el debate sobre el liderazgo, ya que aún quedan las primarias, lo que introduce un factor de incertidumbre y de potencial desestabilización de cara a las cruciales citas con las urnas del año que viene. Afrontar las elecciones generales con una bicefalia podría resultar suicida. Pero es que, además, los problemas del partido no se solucionan con un simple cambio de caras, son de mucho más calado, una profunda y alarmante crisis de identidad y de ideas. El reto al que se enfrenta Sánchez es construir una alternativa creíble, sólida e ilusionante al Gobierno del PP y decidir si lo hace desde una posición de centro-izquierda o más a la izquierda, incluso cediendo a la tentación populista. Puede que ya sea demasiado tarde para recuperar el terreno perdido, pues todo indica que Podemos ha llegado para quedarse y ha prendido con fuerza en una parte significativa del electorado socialista. Por todo esto, el panorama al que se enfrenta Sánchez es muy complicado, aunque su contundente victoria le avala. Su asignatura pendiente es explicar cuáles son sus propuestas, más allá de las generalidades, lugares comunes y estudiadas frases hechas que ha ido desgranando en la campaña. Y debe fijar la fecha de las primarias abiertas a los simpatizantes para decidir quién es el candidato a la presidencia del Gobierno. El PSOE ha abierto una nueva etapa llena de incógnitas.