El talento es insumergible

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa FARRAPOS DE GAITA

OPINIÓN

Nos gusta el fútbol porque es como la vida. En los dos juegos hay unos que dan patadas y otros que se dedican a recibirlas o, con algo de fortuna, a esquivarlas. En la vida y en el fútbol -que, como el cine, a veces es más grande que la vida- hay zancadillas, árbitros cegatos, partidos amañados, fracturas de tibia y peroné, comisiones en billetes de 500 euros, botas de tacos que se incrustan en los tobillos y hasta mordiscos en el hombro.

Pero de vez en cuando, solo de vez en cuando, en la vida y en el fútbol emerge el talento y entonces, diga lo que diga Einstein, el tiempo se detiene, y los tipos que viven de dar patadas se quedan boquiabiertos, paralizados de rabia y frustración ante ese quiebro fuera del guion, ante esa mínima variante que hace volar por los aires esos mundos previsibles y perdurables que sueñan los estrategas en sus pizarras digitales.

Nos gusta el fútbol -el opio del pueblo o el opio de De Quincey, sí, qué más da- porque, como en todos lo órdenes de la vida, en la cancha el talento es un ser insumergible. A veces, es cierto, sale a flote cuando ya se han ido a todos, e incluso el último, muy aplicadamente, ya ha apagado la luz. El talento a menudo aflora cuando ya no hay nadie a la vista para aplaudir el gesto. Cuando no está ni se le espera, aparece de pronto, en un descampado o sobre la arena del crepúsculo. El talento hay ocasiones en que sale de las catacumbas cuando todos duermen, como cuando Gregory Peck se atrevió a montar (y domar) a Trueno en la noche americana de Horizontes de grandeza, para darse una lección a sí mismo y a nadie más.

Y cuando el talento sale de la madriguera dan igual las patadas, las zancadillas, la FIFA, el cuarto árbitro y hasta el entrenador obcecado en tejer marañas defensivas y melancólicas. Porque a veces parece que ya no está, pero el talento siempre está. Vive justo ahí, al acecho. Insumergible. Imprevisible y otros muchos ibles más que no voy a enumerar para no marear el diccionario. Y por eso precisamente, porque ni en la vida ni en el fútbol hay un mando a distancia para apagarlo y encenderlo a placer, por eso mismo el insumergible talento inquieta tanto a los poderosos.