Martin Shakespeare

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

13 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Martin Shakespeare. O George Cervantes. O al revés. Cada vez hay más fans de Juego de tronos, la serie que bebe de los libros de George R. R. Martin. El hombre que empezó una saga que todavía no tiene final, pero que tiene en vilo a todos los que han leído los libros y los que están disfrutando de los episodios de su adaptación a la pantalla. Pero, ¿qué tiene? Pues nada que no esté ya en Shakespeare o en Cervantes. Martin tiene una capacidad increíble para hacernos creer que el bardo inglés y el de Alcalá siguen vivos. Es un tahúr en el manejo de las frases para describir con veneno las pasiones humanas. No falla. Cada vez que se lleva a imágenes algo que está bien escrito, triunfa. Y es que las cosas entran por los ojos, pero también por los oídos. Los humanos listos son de escuchar. «Aunque le pintes rayas a un sapo no lo conviertes en un tigre». «Los dioses dan con una mano y quitan con la otra». «El guerrero que lucha por dinero solo es fiel a su bolsillo». Lo leen. Una prosa de altura que destila licores que vienen de Shakespeare o de Cervantes, como estos a su vez son viajeros que pasan por caminos ya transitados por los clásicos latinos, griegos o por las sagas nórdicas. El ser humano no cambia. «Quien hace una pregunta debe ser capaz de soportar una respuesta». Martin, de nuevo, a la altura de los mejores. Y todo escrito con una tinta de su cosecha, que es una tinta roja de sangre, una cosecha de cadáveres donde todo es posible.