Héroes

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

Mucho corazón gallego latió la otra noche con acento argentino. A ritmo de tango, lento y sentido, con un partido que sin embargo no terminó de entusiasmar. No importa. Ya se lo dijo Mascherano al arquero Romero: «Hoy te convertís en héroe». Es lo que saben hacer como nadie los pueblos curtidos en el sufrimiento, dos paradones del portero en el lanzamiento de penaltis y se celebra llegar a la final como si se hubiesen acabado de nuevo los tenebrosos años de la dictadura. O como si cayese el muro de Berlín.

Sin exagerar -ya dijo alguien estos días que no es un drama que Brasil encaje siete goles en su casa, el drama es que siga habiendo niños que aún mueren de hambre, que no pueden ir a la escuela y que deben trabajar desde bien pequeños-, pero está bien que Argentina celebre la victoria y que Brasil llore la derrota. Para qué, si no, serviría este magno espectáculo con el que disfrutamos muchos millones de personas en el planeta. Lo peor es lo pesadamente trascendentes que se ponen algunos con este asunto. Como el tertuliano que pedía a los gobernantes del mundo que tomasen ejemplo de los jugadores brasileños, que pedían perdón tras el vapuleo alemán.

Si hay algo que se presta a la hipérbole es el fútbol. También para reforzar el discurso sobre los efectos narcotizantes del espectáculo de masas. Y claro que hubo mucho corazón gallego en la semifinal de la otra noche. Como lo hubo también cuando los pañuelos blancos llenaban la plaza de Mayo contra los crímenes de la dictadura militar. O cuando las cacerolas sonaron contra el corralito bancario. No todo va a ser fútbol, claro, pero su épica de entretenimiento nos divierte. Mascherano (el sabio, si se permite el ditirambo) lo tuvo claro: «Hoy te convertís en héroe».