E l mejor antídoto contra la memoria es la vergüenza. Cuando algo te produce un irreprimible oprobio, lo olvidas. Uno quisiera olvidar esta humillación constante que llevamos clavada los gallegos en las fosas nasales (porque su hedor es repulsivo), pero no puede. Día tras día nos sorprendemos con nuevos hallazgos. La semana pasada, tormentosa y rábida, supimos de flamantes neoimputados. La Justicia es tan lenta que llegaremos al día del juicio final y la jueza de Lugo, frente a las flamas y teas del acechante infierno, seguirá instruyendo la causa. Entonces ya nos dará todo igual. Ahora lo que pedimos es un arbitraje más agil. Pero el dinero está para otras cosas. La democracia se desangra, también, porque los procesos judiciales son holgados e interminables. La flema de la Justicia, obviamente, no es responsabilidad de los jueces, que trabajan abnegados y diligentes, sino de los medios que la Administración pone a su servicio. También en esto ha fracasado Gallardón, que pasará a la historia por ser uno de los ministros de Justicia más rechazados: en adhesiones de repudio ha sido el más solícito. Gallardón también tiene la culpa de que la Pokémon vaya como va: cachazuda y por entregas. En adagio indefinido. Los gallegos no soportamos este goteo de información. El gran teatro de la Pokémon nos enoja e irrita. Pasa el tiempo (y la vida) pero la Pokémon (hedionda) permanece.