El episodio de la reciente comparecencia del eurodiputado electo Pablo Iglesias en un foro empresarial celebrado en el madrileño hotel Ritz forma parte de la estética descamisada del protagonista que va reiterando el mantra de los descastados de la casta que obsesivamente denuncia. Ha resultado tan patético como pintoresco y nada aporta a ese supuesto debate de ideas que dice reivindicar como superación de un bipartidismo «viejuno» para el que no presenta alternativas ni viables ni probables.
El discurso de la peña de profesores de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense que se erigieron en casta de determinada vanguardia universitaria, las huestes de Monedero, Errejón e Iglesias, se sustentan en el pensamiento de una izquierda posindustrial que tiene en Zizek, en Alain Badiou y en Dieterich, el alemán/mexicano que iluminó a Chávez, los referentes mas inmediatos. Superado el, todavía a mi juicio vigente, debate ideológico que propiciaba Gramsci y olvidadas por no adecuadas las tesis de Althusser e incluso las mas débiles de Negri. Las bases del pensamiento Podemos se vehiculan en la brillantez sintética y bien informada del brillante divulgador y profesor de estética Fernando Castro Flórez, capaz de poner de acuerdo a las élites de posgrado de este puñado de rapaces procedentes del posmarxismo de salón, que aglutina frikis escasamente ubicables, nostálgicos cuarentones más o menos ilustrados, hipster y neohippies políglotas y coleccionistas de másteres en cursos de verano de campus internacionales.
Podemos es un caótico movimiento asambleario de difícil articulación práctica, una asamblea de teóricos agrupados en círculos como los falangistas y con un horizonte emancipador como objetivo claramente inalcanzable.
Son, están siendo, un revulsivo de lo que consideran, en este océano de corrupción, formaciones políticas caducas, el bipartidismo que se ha ido alternando en el poder a lo largo de los seis últimos lustros. Tienen en su eje vertebral un pequeño partido bien organizado desde el centralismo democrático, que no es otro que Izquierda Anticapitalista, los troskos entristas, los entrañables trotskistas de la cuarta internacional exhumados de un pasado lejano, que son los únicos que parecen tenerlo claro.
Podemos es una marca, no sé si tiene fecha de caducidad, si se va a convertir en una plataforma convencional, o si solo son un rebaño de ovejas negras que asusta a las lustrosas ovejas blancas, al pastor y su perro e incluso a los dueños del redil. ¿Quién puede qué?