«El honor prohíbe acciones que la ley tolera». Lo escribió Séneca hace un montón de años, cuando este mundo desconocía lo que era la Pokémon y Vendex. Pero sí sabían lo que era cohecho, sobornos, blanqueo de capitales, prevaricación, tráfico de influencias, falsedad documental, malversación de caudales públicos y revelación de informaciones privilegiadas, que son las acusaciones que pesan sobre los 114 imputados por la jueza De Lara.
En la última tanda llegan en bandada. Entre otros, un alcalde, un ex presidente de diputación que está en todos los fregados, otro al que le encanta cobrar dietas por no asistir a los consejos y el vocero popular en el Senado, vamos el que imparte lecciones de ética desde su escaño. Son cargos de relieve en Galicia y España, en las instituciones y en el Partido Popular que ya nos tiene acostumbrados a mirar hacia poniente. Todo se lo fían al paso del tiempo.
Los que no nos creemos que cada mañana la jueza De Lara y Aduanas tiren de guía telefónica y se pongan a imputar a este sí y a aquel no, sí entendemos que, cuando menos, existen sospechas de actuaciones poco ejemplares. Y de eso es de lo que hay que dar cuenta. De una relación de confianza entre ciudadanos y cargos públicos que saltó por los aires en el momento en que aparecieron fundadas sospechas y evidencias.
Antes o después, quizá después, la justicia dirá lo que tenga que decir. Y muchos nos reprocharán que nos pasamos de frenada. Pero hoy yo ya me atrevo a adelantar que puede que mucho de lo que estamos viendo no sea delito. Pero es una indecencia. Una inmoralidad y una obscenidad. Y ellos tan dignos.