El PSOE se derrite

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Si hay un partido que se ha vuelto líquido, ese es el PSOE. Empezó el 12 de mayo del año 2010 y desde entonces no ha parado de derretirse. El día aquel Zapatero volvió de Europa licuado y pronunció un epitafio: «Haré lo que sea necesario cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste». La promesa devino en maldición y ahora su estirpe boquea con el esfuerzo estéril del que olfatea a la parca. En esas andan los socialistas, en un sindiós orgánico e ideológico que los emparenta con la selección española que jugó el viernes en Bahía: todo lo que ensayen está destinado a salir mal. Dice Felipe (González) que el PSOE es accidentalista en cuestiones monárquicas y ese es el problema. Los ciudadanos empiezan a pensar que el PSOE anda en casi todo por accidente. Que entre los dos Marx, prefieren a Groucho, sobre todo al de «estos son mis principios, si no le gustan tengo otros». Dice un amigo que la vida rima y hay algo de soneto clásico de arte mayor en que al PSOE le haya brotado un Pablo Iglesias por el hemisferio izquierdo. Ahora ya no saben si desde el centro se ganan elecciones, porque les gusta más la coleta de Pablo ondeando al viento. Por la maldición de Zapatero y por la coleta de Pablo, el PSOE ya no sabe muy bien quién ha de ser. Y la gente acaba intuyendo que no se puede ser a un tiempo monárquico y republicano. Que no es consistente denunciar el concordato en campaña y plantarse de mantilla ante Rouco cuando se gobierna. Que no está bien apoyar la educación pública y despreciarla por sistema de la forma más eficaz que existe: matriculando a tus hijos en colegios de élite. Que no es coherente predicar el mérito y la capacidad y promocionar a tuercebotas intelectuales cuyo merecimiento más sobresaliente es hacerle masajes al líder. El PSOE, sí, hace aguas.