La nariz en la pantalla

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Ya se han hecho hasta películas. En Galicia y fuera de Galicia. Y es que el asunto es material de guion. Como otras muchas veces, pasó de las páginas de los periódicos a las páginas de las historias. Primero sucedió en el norte de Galicia, un camionero puso mal las claves en su GPS y terminó en el quinto pino. A finales de marzo, volvía a suceder. Dos camioneros polacos la liaban. En vez de teclear León, escribieron Lión y terminaron en un lugar de Portomarín. Son las malditas pantallas de las que ya no levantamos cabeza. Marcamos una coordenada y el viaje nos da igual. Matamos así la curiosidad. Se puede ser curioso hasta trabajando. Se debe (en periodismo es obligado). Esos dos polacos que tuvieron que ser remolcados en Portomarín, clavados como se quedaron en una carretera secundaria con su camión cisterna, son el mejor ejemplo de que las pantallas ayudan tanto como complican. Y, sobre todo, son la herramienta perfecta para no enterarte de nada. Así perdemos las mejores costumbres. Las de antes de los móviles, los GPS y demás artilugios: parar y preguntar. Y, si te gusta, quedarte un ratito y conocer. Disfrutar mientras se conoce. Y no solo seguir como en un videojuego el rastro de un color en una pantalla sin saber ni dónde estás ni en qué día vives. Ni si vives.