Durante los últimos días vengo expresando mi preocupación por las zozobras que vive y provoca el Partido Socialista. A medida que pasan las horas, la preocupación se convierte en alarma. El miércoles se producía una nueva baja en su dirección de imprevisibles consecuencias: la renuncia del primer secretario del PSC, Pere Navarro. Ayer, jueves, Carlos Herrera entrevistaba a uno de los aspirantes a la secretaría general socialista, el joven Sotillos, y fíjense en su discurso: frente a una opinión general que ensalzaba el discurso de Rubalcaba en el Parlamento, él le hacía un ataque feroz. Por sus declaraciones, parecía más un activista de Podemos que un aspirante a la dirección del PSOE.
Voy por partes. La dimisión de Pere Navarro reabre la contienda entre el alma nacionalista catalana, defensora del derecho a decidir, y el alma constitucionalista. Si Navarro se va, es porque se ha rendido ante los soberanistas, que abandonan o ponen en rebeldía a una gran cantidad de alcaldes, favorables a la consulta ilegal del 9 de noviembre y dispuestos a colaborar con CiU y Esquerra en ese desafío. La gravedad de tal situación es esta: si el PSC se alinea con el soberanismo, el Estado español se queda prácticamente sin defensas en Cataluña. La independencia sería imparable, mientras el Gobierno central se dedica a los cantos de sirena.
Conflicto de alma republicana. Conflicto de alma nacionalista. Y ahora, otro nuevo conflicto de almas; de almas en pena, habría que decir: Sotillos quiere representar el alma joven, que califica como antigua la política actual y, por tanto, hay que desmontarla, empezando por un referendo sobre el rey Felipe VI. Si fuese él solo el que piensa así en el PSOE, no ocurriría nada. Lo malo es que quizá representa a un sector. Y si ese sector se encamina a revisar la forma de Estado, tenemos un problema a medio plazo. Y la consecuencia alarmante en este caso no es el enfrentamiento generacional, que para eso estamos preparados. La consecuencia alarmante es que empiecen a poner en riesgo la estabilidad del país.
¿Hay solución? La tendría que haber, pero no la veo. En Cataluña, el socialismo españolista está descabezado. En el PSOE estatal, repasen la lista de los aspirantes a la dirección, y díganme si alguno les ofrece garantía o les entusiasma como secretario general. Ya no digo como posible presidente del Gobierno. Digo simplemente como cabeza visible de la socialdemocracia. Tengo ganas de gritar que vuelva Rubalcaba. Tengo necesidad de preguntar a grandes dirigentes como Felipe González por qué permiten este deterioro. Y tengo necesidad de preguntar qué tipo de maleficio hace que el gran partido que estructuró España degenere en factor de desintegración.