¿Y eso de que no hay democracia en España?

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

11 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Metidos hasta el cuello en el río revuelto en el que estamos, donde las crisis económica y política se juntan con la social y cultural para dar lugar a un totum revolutum que constituye la oportunidad para todos los populismos, demagogias y mentiras, por burdas que estas puedan ser, los más avezados pescadores, convertidos en jugadores de ventaja, proclaman un día sí y otro también que en España no existe democracia, dado que los denunciados vicios de nuestro sistema democrático desnaturalizarían el que, según los denunciantes, solo aparentemente disfrutamos.

Tal forma de razonar tiene, entre otros, un efecto perverso, que no puedo dejar de señalar: que, para reaccionar frente a esas disparatadas fantasías, nos vemos obligados a salir en defensa de nuestro sistema democrático no pocas personas que mantenemos desde hace mucho que hay que introducir en él reformas sustanciales. Yo preparo desde hace meses, por ejemplo, un libro sobre los problemas del mecanismo español de división de poderes, que debe ser, a mi juicio, urgentemente mejorado, por más que, pese a sus no pequeños vicios, aventaje muy de largo a los que rigen en países que constituyen el modelo admirado por bastantes de sus más acerbos críticos.

La democracia española tiene, qué duda cabe, muchas lacras cuya corrección es una tarea inaplazable, pero, pese a ellas, ya la quisieran para sí los habitantes de aquellos países donde no hay elecciones democráticas, ni pluralismo de partidos, ni libertad de prensa, ni garantías procesales y penales, ni siquiera esa libertad elemental que consiste en poder entrar y salir del país en que se vive. Por eso, que critiquen con la máxima dureza la vigente democracia, donde se respetan escrupulosamente todos los principios enunciados, los que admiran las supuestas bondades, por ejemplo, del régimen cubano es sencillamente un manifestación de cinismo insoportable y un engaño al pueblo de tamaño formidable.

No solo la democracia española está a años luz de la que en Cuba jamás han disfrutado. Lo están también la igualdad social, los derechos de las mujeres, el respeto a las libres preferencias sexuales, la libertad religiosa, la de circulación y la de empresa y, en fin, cualquiera que pueda imaginarse. Solo hay que preguntar a los cubanos cuántos se vendrían a vivir a España y a los españoles cuántos se marcharían a disfrutar de las fantásticas (y nunca mejor dicho) bondades del castrismo, para sacar las oportunas conclusiones.

Los que niegan que en España exista democracia mientras defienden, entre otros, el modelo cubano como un gran paso de la humanidad deberían pararse a pensar solo un minuto si existe en el país caribeño una sola televisión donde pudieran hacerse un nombre como tertulianos a base de poner a caldo a Castro y al castrismo. ¿Usted, qué cree?