Resistir no es ganar


Decía Camilo José Cela que el que resiste, gana. No siempre. Acaba de tumbarle la teoría el ya exalcalde compostelano Ángel Currás, que se empeñó en resistir, haciéndole caso al Nobel gallego, para terminar saliendo a empujones y por la puerta trasera. Porque no vale con resistir a cualquier precio. Hay que conocer dónde están los límites y las posibilidades de cada uno.

Y el límite, el de la paciencia y del sentido común, en el concello compostelano hace tiempo que se sobrepasó. Desde las primeras andanzas de aquel conde tan aplaudido por su mayoría absoluta a los despropósitos de dimisiones, refriegas y «regalos de la hostia». Todo en el Ayuntamiento compostelano ha sido un disparate al que se le ha puesto remedio tarde y mal.

Porque, aunque el enganche de Currás a la poltrona lo desacredita como cargo público, no es el único responsable del espectáculo cómico-circense de los últimos meses. Lo son también quienes permitieron que la situación llegase adonde llegó. Los que lo apoyaron en el concello, en la calle y en el partido. El caso Compostela es una muestra de lo que acontece en otras instituciones públicas gallegas y españolas, donde quienes las ostentan, no solo se aferran a ellas, sino que se sienten autorizados para mantenerse a cualquier precio. Y eso, antes o después, rompe por algún lado.

Porque no siempre el que resiste gana. Para ganar hay que resistir con dignidad. Con decencia. Y, si no es así, acaba uno como Currás. Por la puerta trasera y a empujones.

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