Los buenos resultados de Podemos en las elecciones europeas han generado una extraña reacción de sorpresa y de desconcierto solo justificable porque no se esperaban. Ello ha hecho que casi todos hayamos buscado sus programas para tratar de entender dónde podía estar la clave. Un esfuerzo vano, porque las propuestas de Podemos en realidad corresponden a un programa que ilustra sobre lo que No Podemos y, sin embargo, anhelamos. Estamos, pues, en el maravilloso reino de los deseos inaccesibles.
Veamos algunas de las propuestas de Podemos y tratemos de extraer un común denominador. Me refiero a las de crear un salario máximo proporcional al salario mínimo, con una renta básica «para todos los ciudadanos por el mero hecho de serlo», con la jubilación a los 60 años y la reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales para «redistribuir equitativamente el trabajo y la riqueza». ¿Quién podría oponerse razonablemente a tan nobilísimos objetivos? Aparentemente, casi nadie. Pero sí lo hace la tozuda realidad, es decir, las cifras del Estado, esto es, las matemáticas.
Porque, nos pongamos como nos pongamos, las cuentas de Podemos no dan, salvo que inventemos otro país con otras cifras. Y esto que digo es una crítica, sin duda, pero no en el sentido de los anti-Podemos, porque, por el solo hecho de encarnar una esperanza, esta nueva fuerza ha actuado como un revulsivo en nuestra sociedad. Es decir, nos ha empujado a un debate necesario sobre todo aquello que no funciona ni es útil y, sin embargo, está ahí y es caro. Todas las fuerzas están condenadas a mirarse en el espejo y empezar a aligerar sus excrecencias y aumentar la autoexigencia funcional (y económica). Hay modelos de gestión partidaria que han sido puestos en cuestión y hay que tenerlo en cuenta. Porque no podemos cumplir las propuestas de Podemos, pero sí debemos aplicarnos en la vía de algunas mejoras que apuntan. Muchas de sus propuestas programáticas son irreconciliables entre sí, y esto lo pagarán si no lo remedian a tiempo. Pero quienes han votado esta opción sabían muy bien contra qué o contra quién disparaban. Y de este conocimiento no es recomendable prescindir.