Punto de encuentro


Así definió ayer a don Juan Carlos el presidente del Gobierno, algo en lo que coincidió el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba: «Ha sido un factor clave en la cohesión de todos los ciudadanos en torno a un esfuerzo colectivo de paz, libertad y bienestar social». Y no es para menos, pues la historia de España no anda abundante de personajes que hayan sabido encarnar esa necesidad primordial que tienen todas las sociedades: líderes que sepan tender puentes, que sepan amplificar las coincidencias y diluir las diferencias, atentos a descubrir cualquier chispa de verdad que salta en el encuentro con el otro. A veces me pregunto quiénes son los que en el mundo actual están preocupados de verdad por generar procesos que construyan pueblo, más que por obtener réditos políticos inmediatos, fáciles y efímeros que en nada contribuyen a la solidez y estabilidad de un país. Con Felipe VI se inicia un tiempo nuevo. España hoy es una sociedad plural y multicultural como nunca antes en su historia. Por eso necesita repensar su ethos colectivo; porque el relativismo, la confrontación y la algarada callejera no conducen a nada bueno. Y en esta reflexión es necesario incluir el papel del catolicismo en la vida del Estado. La religión nunca debiera ser factor de conflicto, y el cristianismo nada perdería, al contrario, si en los actos de coronación del nuevo monarca pasara a un segundo plano.

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