Los recientes datos del Ministerio de Educación y los constantes informes que se vienen publicando, no hacen más que reiterar lo que ya sabíamos: las chicas son mejores estudiantes que los chicos, en todo el sistema educativo. Aprueban más, repiten menos y tienen mayores tasas de acceso a la universidad. Las razones que se esgrimen, para justificar esta disparidad, son de tipo social, cultural, psicológico e incluso biológico. Aunque se habla de distinta socialización y educación o de diferencias hormonales y cerebrales, no hay una postura fija al respecto y el tema suele prestarse, además, a posiciones muy enfrentadas.
El informe PISA no ha reflejado desigualdad entre alumnos y alumnas en las capacidades para aprender, pero ellas tienen tres armas que son, sin lugar a dudas, las claves del éxito escolar. La primera es su superioridad en lectura. Bien sabemos que la comprensión lectora es la mejor competencia para evitar el fracaso educativo. Tienen, además, mayores habilidades verbales, lo cual las sitúa en un plano muy superior a la hora de expresarse con claridad y corrección. Ellos son mejores en Matemáticas, pero esta materia no es esencial para conseguir el éxito, al menos en las primeras etapas del sistema educativo. La segunda arma es la del esfuerzo. Las alumnas se centran mejor, pasan muchas más horas encima de los libros y son más constantes. Su empeño decidido y su crecimiento ante las dificultades, son las piedras angulares, no solo del triunfo en su formación, sino también en la vida. La voluntad es la educación de las educaciones. Muchos padres, para justificar a sus hijos frente al éxito de las hijas, suelen decir que son muy inteligentes, pero muy vagos.
La tercera arma, en fin, es la motivación. Aunque no puede sustituir a la voluntad, tiene también gran importancia. Es lo que nos mueve a obrar, las razones y los estímulos por los que nos planteamos un objetivo. Tanto en su carácter intrínseco como extrínseco, ellas ganan de nuevo. Tienen mayores aspiraciones que ellos y una vez iniciado el camino, su tasa de abandono temprano es muy inferior, pasando de los diez puntos en el caso de la enseñanza obligatoria.
Aunque parezca increíble, ya se está ejerciendo una discriminación positiva con los varones, para evitar que sean las mujeres, de forma abrumadora, las que se llevan los premios académicos extraordinarios, las plazas en la universidad o las oposiciones, por citar solo tres ejemplos. Cada vez está más claro que si ellas no tuviesen la preocupación de la maternidad, con todas las dificultades que esta conlleva, y no perviviesen aún algunos prejuicios sociales, también estarían por encima en categoría de los puestos de trabajo desempeñados y de los salarios recibidos. Pero esto daría para muchos otros artículos.