Algunos datos para comprender lo sucedido


L o primero que hay que considerar para comprender lo sucedido es que la hegemonía del PP y del PSOE sobre las demás formaciones se fundamenta en el respaldo de la población de mayor edad. Se puede comprobar con facilidad en el estudio preelectoral del CIS de estas elecciones europeas: uno de cada dos votantes actuales del bipartidismo tiene 65 o más años de edad.

Lo segundo es la existencia de un espacio ciudadano de ruptura con el sistema en su conjunto, que en España tiene un tamaño aproximado de 8,5 millones de electores y reside en la abstención. Este espacio electoral es común en las sociedades endeudadas del sur de Europa: el elector de Podemos no es distinto del de Syriza en Grecia o del que vota al M5E en Italia. El barómetro de abril del CIS confirmó la situación de desprestigio de casi todas las referencias institucionales, pero muy especialmente de los partidos políticos, que puntuaron en ese estudio 1,89 sobre 10.

Este es el tercer dato: que el eufemismo desafección esconde la ruptura ciudadana más descarnada. Los partidos políticos constituyen el segundo problema que tiene España, porque las personas no los disocian de la corrupción y esto suma el 62,3 % de las menciones.

El PP y el PSOE han perdido cinco millones de votos respecto a sus posiciones precedentes y ahora suman entre los dos menos de ocho millones de votos, que es una cifra ridícula. IU y UPyD han defendido sus espacios y han sumando 1,5 millones de votos más que en el año 2009; los nacionalistas vascos y catalanes, junto a los gallegos del BNG y otros partidos, han alcanzado los 1,8 millones de votos, que es un millón más que en el 2009; y luego están las formaciones nuevas en el ámbito estatal, como Ciudadanos, Vox, la Primavera Europea y Podemos, que han sumado 2,3 millones de votos donde no había nada.

Todo esto totaliza otros cinco millones de votos, que compensan el hundimiento del bipartidismo y es por esto que la participación se ha mantenido respecto a la precedente, porque se ha producido el voto de electores desmovilizados en torno a nuevas ofertas de reemplazo.

Y entre estas, destaca Podemos. Su resultado plantea dos retos a esta organización. El primero, dar respuesta a un elector que quiere echarlos a todos para establecer otro orden completamente nuevo. El segundo es dar estructura territorial al resultado que han marcado. Sin exagerar y sin haberlo estudiado a fondo, tienen que superar con creces los cien concejales en la Comunidad de Madrid, por poner un ejemplo.

Lo que ha sucedido no le agrada a la clase política ni al sistema en su conjunto: la gran coalición que subyace como realidad matemática o no opinable, no cabe en las cabezas de los políticos o los creadores de opinión en general. Sobre esta resistencia diremos que nadie había imaginado que la URSS formaría parte del pasado mientras existió.

La Voz Galicia ya había informado suficientemente sobre esta situación.

Jaime Miquel es Analista electoral.

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