A un paso de la crisis existencial

Miguel Murado
Miguel-Anxo Murado LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

¿Y ahora qué? Ahora Europa tiene un problema, y no porque las elecciones al Parlamento Europeo hayan dado victorias importantes en muchos países a partidos euroescépticos, sino porque la Unión Europea carece de mecanismos para acomodar lo inesperado. Como se vio en su momento con la gestión de la Constitución Europea, el proyecto solo sabe progresar en una dirección predeterminada, hacia una mayor integración. Es así como fue concebido por sus creadores, tecnócratas que temían a la demagogia y, en el fondo, a los electorados. La construcción europea debía ser, para ellos, eso, una construcción dirigida desde arriba, mediante acuerdos entre gobiernos. No se excluía del todo al pueblo, pero se entendía que a este se le debía preparar para el asentimiento y solo entonces, una vez convencido, consultarle. Cuando el pueblo ha votado en contra de lo que ya se había decidido, como sucedió en su día en Irlanda con el referendo constitucional, no se encontró otra fórmula que forzarle a votar de nuevo. Cuando el «no» lo pronunciaron electorados de países más importantes, como Francia, la respuesta inevitable fue la parálisis.

El resultado de ayer plantea un dilema parecido: un desajuste profundo entre lo que se decide en las altas esferas de la UE y lo que realmente desean los ciudadanos de la Unión. Solo que no cabe la posibilidad de volver a votar. No es todavía una crisis existencial, porque, a pesar de todo, los dos grandes bloques políticos tradicionales (conservadores y socialistas) siguen manteniendo una mayoría en la cámara europea. En sintonía respecto a la construcción europea, siempre han tendido a pactarlo todo entre ellos. Ahora estarán obligados a hacerlo aún más. Su esperanza está en que quizás los resultados de ayer solamente reflejen un estado de ánimo, el de un electorado castigado por las políticas de austeridad, un fenómeno pasajero. Cabe esa posibilidad. Pero aún así, la situación se ha vuelto extremadamente delicada. Más allá del Parlamento Europeo, estas elecciones sí van a tener impacto donde importa mucho más: en los propios países miembros. Y en este sentido lo más revelador de la jornada de ayer son los resultados de Francia y Gran Bretaña. Son dos países clave, y en ellos la lectura del resultado es particularmente preocupante para los europeístas. En el país galo, donde las políticas de austeridad no han sido tan duras como en otros lugares, se ha votado específicamente contra el euro y las políticas de libre circulación; en Gran Bretaña el resultado pone a Londres con un pie fuera de la UE. Si el Parlamento Europeo fuese realmente un parlamento, serviría para gestionar estas tensiones. Tal y como ha sido diseñado, solo sirve para escenificarlas.