Cholismo

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

21 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando el Atlético derrotó al Madrid en Chamartín después de 14 años de sequía, el profe Ortega, preparador físico de los colchoneros, le dijo al Cholo Simeone: «Me quiero matar, a estos no les ganamos nunca más». La revista argentina El Gráfico documentó cómo incluso en pleno éxtasis del triunfo asomó esa vieja certeza de que por la estación rojiblanca pasan pocos trenes y todos parecen el último. Simeone replicó que quería encontrarse a los merengues en una final. Lo que nadie se imaginaba es que iba a ganarle la Copa al Madrid en el Bernabéu y la Liga al Barcelona en el Camp Nou. Doble soplo de aire fresco en la cima del fútbol. Una hazaña en ese mundo en el que Mourinho aparca siempre al toque coches de lujo que no le duelen porque no los siente como suyos. En el que un Barcelona resacoso intenta hacer la gran jugada de la temporada contra Hacienda. En el que se encuentran el Messi más incierto y el Cristiano más evidente. En el que los egos de los presidentes se proyectan en Neymar y Bale por encima de sus entrenadores... En ese mundo, los atléticos no son los mejores y, sin embargo, fueron lo mejor. Y, en el fondo, los aficionados de otros equipos que vayan más allá de la pelota habrán celebrado secretamente sus triunfos. Porque la historia del Atlético se parece mucho más a la vida misma que la del Madrid o la del Barça. Es ese hojaldre de amarguras, esperanzas, oportunidades perdidas y alguna que otra alegría. Los colchoneros pertenecen a la estirpe orgullosa de los que siempre han estado más seguros de la fatalidad que de la gloria. Ahora se jugarán la Champions en Lisboa, donde se quedaron prendidos hace 40 años Irureta y Luis Aragonés. Vencerán o caerán. Todos dicen quizás. A nadie se le ocurre un nunca más.