Hay autores, entretenidos, cuyos libros son un sendero por el que discurre la trama. Y hay otros autores que hacen pensar, en los que la trama es casi lo de menos. Lo que interesa es lo que se dice entre líneas. Artistas con voluntad de estilo, que buscan perderse entre los árboles mucho más que contar una novela de acción. Algo así sucede con los libros de Ray Loriga, aquel chaval que tuvo su público cuando sorprendió con sus primeras obras. Y que sigue escribiendo para sus fieles, que buscan en sus textos las rupturas, ese punto fragmentario, deslavazado y sincopado que tiene. La historia discurre poco en Za, Za, emperador de Ibiza, el que discurre es Ray Loriga con sus relámpagos que son ideas, muchas veces cegadoras. Za Za es un ex dealer que vive ahora retirado en Ibiza. Un hombre que ya tiene esa edad en la que se saben medir las mentiras. Dice Ray Loriga que «las cosas que suceden no se paran a distinguir. Si todo fuera justo, nunca pasaría nada». Añade con ingenio que «todo lo que llamamos progreso es, en realidad, sangre. No solo pasa entre los humanos, en toda la naturaleza sucede que el progreso camina sobre la destrucción de algo». Loriga es directo, siempre, y en estas páginas hay mucha reflexión sobre la edad y el dinero: «Los sudarios no tienen bolsillos».