Las mujeres como yogures


Cuánta razón tiene. Ahora entendemos por qué el pío ministro de Interior quiere salvarnos de las redes sociales y enrejar a los rederos. Ayer mismo, sin ir más lejos, tuiteros y feisbusqueros se han pasado el día destrozando al candidato Cañete porque ya saben que a propósito del debate con Valenciano dijo, con su campechanería habitual y con ese estilo tan distendido, que un debate político entre un hombre y una mujer es «muy complicado». Porque si el hombre demuestra «superioridad intelectual o la que sea» da una impresión «machista» ante una «mujer indefensa». Y él, como ha demostrado, no es nada machista.

Que el hombre es un ser superior a la mujer lo dice hasta la Biblia. Y nuestra Constitución, en lo de los derechos dinásticos de la monarquía. Y es lo que piensa Cañete y su tuna ideológica, incluidas las propias mujeres; las que la forman y las que la jalean. Y que gustan que se les trate de forma diferente, como vienen demostrando con su complacencia. Lo de ayer no es nada nuevo.

El delito de Cañete ha sido el de pecar de sincero. De ser un tipo simpático, divertido, que dice lo que piensa sin rodeos. Y él y muchos de los suyos creen que las mujeres son unos seres diferentes, inferiores, débiles, raquíticas intelectualmente y que están para lo que están. Una cosa así como los yogures con fecha de caducidad. Que ya no sirven y que hay que tirarlos. Eso piensa Cañete de las mujeres, aunque no quiere ser machista. Y ya se sabe que solo los machistas tienen miedo a parecerlo.

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