Ya tenemos una nueva intriga nacional: quién será el político español que tiene seis cuentas, seis, en el Dresdner Bank de Ginebra. El juez Ruz, el del caso Bárcenas y Gürtel (entre otras hazañas burlescas), ha pedido a Suiza que revele su identidad. Según las investigaciones del magistrado, ese banco de tantos tesoros como secretos tenía tres clientes de gran sonoridad: Luis Bárcenas, cuyos ahorrillos han quedado al descubierto; un sobrino de Fraga llamado Luis, que no tiene relevancia penal porque lo birlado al Fisco no llega a los 120.000 euros anuales, y este misterioso señor (o señora) que o tiene mucha suerte o tiene mucha influencia, porque el Dresdner Bank no suelta su nombre ni bajo tortura.
¿Y cómo se sabe que tiene seis cuentas?, me preguntó la vecina del ático. Por esta inocente razón: una directiva de la entidad mostró por escrito su preocupación, porque su titular estaba en un capítulo que la jerga bancaria define como «riesgo 3», que debe ser en banca como la «alerta naranja» en casos de temporal: fondos de origen difícil de explicar; personaje sospechoso por los círculos de delito que lo rodean como los anillos de Saturno; político con riesgo de escandalera, que para Suiza deben de ser casi todos los españoles, o persona sometida a investigación judicial. Por el escrito de esa directiva supo el juez Ruz que el Dresdner tenía tan distinguido cliente.
Ahora vaya usted a saber quién es, porque Suiza administra el secreto bancario con la misma discrecionalidad que los gobiernos administran subvenciones: a veces revela titulares de cuentas y a veces no. De Bárcenas lo contó todo a las comisiones rogatorias; de este ahorrador del antifaz de momento no ha soltado prenda. Con lo cual es lícito echar a volar la imaginación. Puede que estemos ante un Bárcenas 2 o puede que persona tan rica no tenga nada que ver con el PP. Puede que sea un buen inversor (Bárcenas lo parecía) o puede que sea un golfo que desvalijó alguna caja. Puede que sea un afortunado heredero o puede que la tesorería del PP fuese una mina del oro de la que varias manos extrajeron el preciado metal.
Un misterio, ya digo; el último enigma de ese punto sombrío donde se juntan o chocan política y justicia. Yo, de momento, solo sé hacer preguntas: ¿y para qué querrá nadie seis cuentas en el mismo banco? ¿Habrá robado tanto que no le cabe en una? Si el titular es de segundo nivel, ¿por qué Suiza se resiste a revelar su identidad? Si es de primer nivel, ¿quién me garantiza que no haya usado su poder para difuminar el dinero? Y en todo caso, si el dinero es lícito y limpio, ¿por qué su titular no da la cara de forma voluntaria? Creo que esto último es lo que se está preguntando Mariano Rajoy.