Reanimar la UE

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

11 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

No hay duda de que la Unión Europea ha representado una vanguardia de desarrollo económico y de moralidad ciudadana, con una modélica relación de deberes y derechos individuales y sociales. Esto fue así, y así lo sentimos hasta hace muy poco. Pero algo se está desvencijando y no sabemos cómo remediarlo. ¿Todavía somos un referente moral? Sí, sin duda, pero menos. Ya no somos la perfección que soñábamos. Por el contrario, nos estamos revelando mucho más frágiles y vulnerables de lo que creíamos. Es decir, menos admirables, menos sabios y menos fuertes.

Y es que se han perdido valores y se ha debilitado el sentido de la vida en común. Ya no tenemos una disciplina moral clara, y la propia coexistencia se nos figura a veces un territorio hostil. Carecemos de intelectuales -Albert Camus y compañía- capaces de engrandecer nuestros horizontes más nobles. Ahora solo hablamos de economía, y lo hacemos de un modo cicatero, desconfiado y reductor. La palabra solidaridad no prima en Europa. Por el contrario, crece el recelo, lo insolidario, lo cobarde. No sé muy bien cómo ocurrió, pero hemos dejado de creer en nosotros como sujetos de una verdadera unión. Y sabemos -somos egoístas, pero no tontos- que, por este camino, nunca volveremos a liderar el mundo. Ni siquiera en el ámbito de los modelos de convivencia, ni en el de las virtudes personales, sociales o políticas.

Puede decirse que es esta una visión pesimista. Pero uno ve lo que ve. Los argumentos en uso son casi siempre interesados y falaces, y tienen las miras muy cortas y el descaro muy largo. Y en este lodazal chapoteamos cada día, sin elevar la mirada sobre un horizonte de grandeza. La UE fue el gran milagro europeo después de la Segunda Guerra Mundial. El mundo entero alucinaba con la maravilla que fuimos capaces de levantar tras la gran devastación. Entonces fuimos admirables. Para seguir siéndolo es necesario volver a ser un referente moral y no un nido de grillos. Debemos recuperar nuestros buenos pasos. No hay ninguna otra opción mejor. ¡Por eso son tan importantes las próximas elecciones europeas!