Disculpen la ignorancia


Ahora que ya se inició el bombardeo de promesas, compromisos y rifirrafes, a algunos, no muchos, que carecemos de los mínimos conocimientos de europeísmo, no nos vendrían nada mal un par de lecciones elementales sobre tal cuestión. La ignorancia nos impide entender el funcionamiento de ese gran espacio común en el que tan cómodos nos encontramos. Porque en nuestra torpeza algunos no sabemos muy bien si Europa es un proyecto de solidaridad, cooperación y amistad o un club en el que los socios más privilegiados y por tanto más ricos, imponen sus intereses. Tenemos dudas de si se concilian las necesidades de todos los miembros o, perdonen el atrevimiento, es como su existiesen dos Europas; una rica y otra necesitada; una en el norte y otra en el sur. Tampoco entendemos muy bien cómo si vamos todos en el mismo crucero unos imponen a los otros la austeridad frente a la supervivencia. Es tal nuestro grado de incultura que por saber no sabemos ni el papel que tiene España en todo este juego de la ruleta, donde lo mismo ganas 3.000 millones que pierdes el sector naval y de paso el pesquero. Por aquello de la afinidad. Y por no entender no entendemos tampoco cómo es posible que si en el espacio europeo lo fundamental son los derechos humanos, algunos miembros se permitan patearlos permanentemente ante la pasividad y las risas de todos los demás. En fin, que, conscientes de nuestras limitaciones, lo que pedimos es que nos aclaren todo este lío de Europa. Porque a decir verdad lo único que entendemos bien es que el 60 % de los europeos desconfían de su propia Europa. Que tiene gracia.

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