Putin ha llegado al límite de sus posibilidades estratégicas en Europa Oriental. El poder militar en las fronteras muestra la ambición de influencia sobre Georgia, Ucrania y Moldavia, pero también las amenazas de cortar el suministro de petróleo y gas a Europa presenta un poder que no tiene para volver a ser la gran Rusia blanca de otros tiempos. Hoy Europa funciona con fronteras estables y los territorios no son lo más importante. Estamos en la sociedad del conocimiento y la comunicación, somos un mundo interdependiente. El poder real reside en tener, además de Fuerzas Armadas, buenas universidades y centros de investigación, organización política, económica y social estable, parámetros que caracterizan a las naciones poderosas. El plan de Putin no se corresponde con la gran nación que es Rusia, un país líder sin imponerse ampliando territorios en Europa.