Pagar y callar


Las normas son las normas y no podemos andar con excepciones. Y menos en estos tiempos. Lo digo porque anda por ahí protestando un numeroso grupo de privilegiados que se han ido a hacer las Américas fuera, lo que hoy llamamos movilidad exterior, y rechazan pagar las sanciones por no haber declarado las pensiones del extranjero. O lo que es lo mismo, que además de tener la fortuna de haber conocido países y residido en la diáspora, ahora quieren estafar a este Estado nuestro que es tan justo y atento con sus ciudadanos.

Los emigrantes retornados han de saber que este es el país más justo en el pago de impuestos. Que aquí apoquina todo el mundo. Bueno, con alguna pequeña excepción, como las grandes fortunas que se acogieron a una amnistía fiscal. O los clubes de fútbol que adeudan lo indecible. O como multinacionales que se escapan a lo establecido. O los bancos a los que tenemos que ayudar porque los pobres lo hacen fatal. O sus señorías que no tributan por todo lo que ingresan. O los que reciben sobresueldos y demás prebendas. O a los que colocan sus ahorros en el extranjero.

Pero dejando a un lado estas pequeñas excepciones, aquí paga todo el mundo. Los emigrantes retornados, los peones de albañil, los autónomos, los pequeños, medianos y algunos grandes empresarios, los jubilados, los parados, los estudiantes, los desahuciados, los preferentistas y hasta los marginados. Este es un país ejemplar en la fiscalidad. De no ser así no habríamos podido construir el aeropuerto de Ciudad Real. Ni el Gaiás. Y mira cómo quedaríamos de atrasados.

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