¡Ay, Dios mío!

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

16 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El obispo de Málaga es, sin duda, un tipo de verbo extraordinario. El buen hombre, además de cumplir con las obligaciones propias de su cargo, cosa que supongo hace, tiene tiempo para ilustrarnos sobre cuestiones que afectan a la vida de los ciudadanos, sean o no miembros de su rebaño. Como defensor, que soy, de la libertad de expresión nada tengo que objetar a que el obispo diga lo que quiera, pero como ciudadano común tengo la impresión de que mejor hubiera estado callado.

El señor obispo ha declarado, ante quinientos adolescentes de colegios religiosos privados y concertados de la ciudad, que no está de acuerdo con el matrimonio entre personas del mismo sexo; hasta ahí nada que comentar. Sin embargo, y fruto de su afán pedagógico, el prelado acudió a dos ejemplos, para ilustrar a los niños, comparando las uniones entre homosexuales con la unión de una anciana y un niño de unos días o con el matrimonio entre un hombre y un perro. Como lo oyen.

Veamos. Vaya por delante mi respeto por la Iglesia, pero el hombre podía haber mostrado simplemente su desacuerdo con esas uniones y callarse. Sin embargo, muy al contrario, el ministro introduce en el debate a los cánidos, recién nacidos y ancianos, mezclando a la vez cuadrúpedos y bípedos de edades varias. Sin embargo, lo que a mí realmente me interesa como botánico, de estas descabelladas declaraciones, es que el obispo no ha condenado las relaciones entre hombres y vegetales, simplemente se ha decantado por la vía zoológica, tal vez por aquello del rebaño.

Todo esto no tendría más trascendencia si no fuera porque es la Conferencia Episcopal la responsable de formar a los jóvenes en valores y tolerancia, mediante una asignatura que el actual Gobierno ha decidido que sea obligatoria. Y lo hace con dinero público, ya que financiamos los colegios y los profesores, además de que los mecanismos de selección de estos y los contenidos de las materias son cuestión exclusiva de su competencia. Puedo estar equivocado, pero parece razonable que los ciudadanos que les pagamos podamos hacer algo más que rogar para que las opiniones del prelado estén en minoría en el citado foro.

Por lo que a mí respecta nada me importa la opinión del señor obispo y les confesaré por qué. Desde hace bastante tiempo, además de estar casado con mi mujer, mantengo una relación extramatrimonial con un vegetal, concretamente con un grelo. Espero que el prelado no se enfade porque solo nos vemos en la temporada del cocido. ¡Ay, Dios mío!