Galicia global

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

En Galicia la emigración se ha vivido como prueba de un fracaso colectivo. Al que ahora se añade la despoblación, bien por nuevos fenómenos migratorios bien por unas muy reducidas tasas de natalidad. Durante tiempo estos fueron signos de la Galicia actual, pero su consecuencia ha sido la igualdad en renta por habitante con el conjunto de España, y una aproximación a la convergencia con la renta media europea. En buena medida por pérdida de población, o menor denominador para semejante numerador. Ganamos porque perdemos, gallegos.

Hace un tiempo asistí a un seminario sobre procesos migratorios organizado por el CSIC con el príncipe de Asturias. Sucedía en Santo Estevo de Ribas de Sil, y una veintena de especialistas exponían y discutían sobre las migraciones desde la historia, pero sobre todo desde una actualidad todavía con saldos migratorios positivos hacia España, y en menor medida a Galicia. El problema era entonces la inmigración. El problema, cinco años después, se sitúa de nuevo en la emigración. Como siempre la de los jóvenes y capaces. Hoy, cuando uno reflexiona sobre su entorno personal apenas encuentra que un veinte por ciento de las familias allegadas tienen a alguno de sus hijos trabajando en Galicia.

La nueva emigración, como siempre de gente joven y cada vez con un mayor nivel de formación, empieza a caracterizar la Galicia actual de la autopista del Atlántico, donde se concentra más del cincuenta y cinco por ciento de la población gallega, y a no dudar la más joven, formada y de mayor dinamismo. En el resto de Galicia se dispersa el otro cuarenta por ciento de una población envejecida, con tierras abandonadas y unos deficientes servicios públicos.

Galicia vuelve a ser la tierra que se consume. Por propia iniciativa de los gallegos, capaces de asistir impávidos a que se hable despectivamente de una ciudad del norte cuando se habla desde el sur. O viceversa. Olvidando siempre que más al sur está Porto, y más al norte Londres. O por otro decir, más al este Barcelona o Madrid o Berlín, y virando para el oeste Lima, São Paulo, Nueva York o Chicago. Cuestión de geografía, donde habitan los gallegos.

Porque frente a visiones localistas, fraudulentas y alicortas, donde la ineficacia de sus proyectos nos lleva a un país estéril, siempre es posible contraponer la reflexión, la inteligencia y la autocrítica.

Y en este momento de una Galicia envejecida, con más de medio millón de gallegos expatriados, el nacimiento del proyecto Global Galicia promovido por La Voz de Galicia, en manos de la sociedad civil, se podrá configurar como un elemento central del devenir de Galicia, pero sobre todo de los gallegos, que tendrán la posibilidad de hablarse y entenderse, de discutir y pensarse, de mantener la solidaridad con sus mundos, pero sobre todo de reconocer y vindicar la Galicia imposible, la que se agota, pero aún existe, también en esa geografía amplia donde viven.