El paro desciende, la angustia aumenta

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

08 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El paro registrado descendió en cerca de 240.000 personas en los últimos doce meses. En el mismo período, según constatan los respectivos barómetros del CIS, creció el porcentaje de españoles que consideran el desempleo como el principal problema del país. Ochenta y dos de cada cien sitúan esa lacra en el vértice de sus preocupaciones. Curiosa paradoja: disminuye el paro y aumenta la preocupación por el paro.

Parece un contrasentido que los datos positivos, amplificados por los decibelios de la megafonía oficial, no mejoren la percepción de los ciudadanos. El pesimismo, sin embargo, está justificado. Emprendieron hace seis años la penosa travesía del desierto y ahora, tras rebasar la duna de la recuperación, descubren que no hay oasis. Apenas unas gotas de agua y leguas y leguas de arena ante los ojos. ¿Cuántas? Vaya usted a saber. Los antecedentes no son halagüeños: hicieron falta trece años, los comprendidos entre 1994 y el 2007, para rebajar la tasa de paro del 25 % al 8 %. Lo peor de esos plazos tan dilatados es que dejan un reguero de víctimas en el camino. Muchos -incluso generaciones enteras- sucumben, achicharrados, bajo el inclemente sol del desierto. Ya lo dijo Keynes: «A largo plazo, todos muertos».

Angustia la previsible lentitud en la recuperación del empleo. Pero angustia, aún más, el presente. Más de cinco millones de parados ven cómo, progresivamente, empeora su situación. Cada vez son menos los que perciben alguna ayuda: únicamente seis de cada diez. Paralelamente desciende la cuantía media de prestaciones y subsidios: 823,3 euros al mes por beneficiario. Cunde el desánimo entre los parados de larga duración, aumenta el número de familias que viven del aire y de la caridad, y crece la indigencia que Cáritas denuncia y el Gobierno niega.

Tampoco los 13,7 millones de asalariados que conservan su puesto de trabajo tienen razones para el optimismo. El fantasma del paro sigue rondando su puerta. La amputación de sus retribuciones y derechos solo ha sido el prólogo de la gran sustitución. El contrato fijo se extingue y cede el paso al contrato precario. De los contratos formalizados en el último año, el combustible que alimenta las calderas del triunfalismo gubernamental, nueve de cada diez son temporales o a tiempo parcial. Este es el subempleo que viene. Seremos más competitivos, o eso dicen, pero también mucho más pobres.

-Pero no me sea demagogo, señor mío. ¿Acaso niega usted la evidencia de la recuperación en marcha?

Por supuesto que no. La veo perfectamente reflejada en los balances de las 35 compañías que integran el Ibex. El año pasado obtuvieron un beneficio de 17.770 millones de euros, mientras que en el 2012 habían perdido 7.400 millones. Sus directivos ganaron un 3,5 % más. Lástima que, para conseguir esos brillantes resultados, tuvieran que despedir a más de 120.000 trabajadores.