El dolor sin fecha

Xosé Ameixeiras
Xosé Ameixeiras ARA SOLIS

OPINIÓN

Ya la vida anda a patadas a diario con la gente sin que sea necesario que Gobiernos y organismos públicos hagan esfuerzos para agravar la existencia de sus ciudadanos. Las grandes palabras rigen el devenir de los pueblos, pero lo que cuenta es la letra pequeña del día a día. El manual de la existencia es de por sí difícil de seguir y, a veces, sobrevivir ya es una conquista porque la derrota cotidiana siempre espera por alguien. Mismo uno que sale a faenar mientras los demás duermen a pierna suelta y un mastodonte del mar se lo traga en un santiamén. Ya da igual si el Baltic Breeze de turno venía por su canal o quién tuviese que girar o no a estribor. Los que se salvaron llevarán a rastras la cadena del recuerdo de por vida y los demás tendrán que masticar la tragedia lo mejor que puedan porque nadie les va a devolver los sueños de los días ya imposibles. Mal acaban las cosas cuando uno muere sin que un ser querido le pueda coger la mano antes del último aliento.

Lo peor es cuando las penurias del azar reciben ayudas. Como Ana Isabel Lobato, la esposa de un agente de policía de Arousa a la que el cáncer atacó su cuerpo, el paro la dejó sin salario y la existencia diaria se convirtió en una montaña rusa del sufrimiento. El matrimonio quiere volver para su Canarias y hacer su lucha más llevadera, pero en la Dirección General del cuerpo ha rechazado su solicitud. ¿Dónde tendrá el alma el que firmó la resolución? O a Vanessa Liñares, que lleva un año sin ver a su niña porque su expareja ingresó en la cárcel y los abuelos se la llevaron para Andorra. Los jueces aplazaron su vista hasta mayo. Lo malo es que el dolor no tiene fechas.