Este personaje literario creado por Alfonso Daudet puso en el mapa a la ciudad de Tarascón en la Provenza francesa. Tartarín, un simpático y estrafalario personaje, mezcla de don Quijote y Sancho, inventor de historias imaginarias, tuvo que emigrar a Argel y convertirse en fantasioso cazador de leones inexistentes.
Mañana domingo se celebra la segunda vuelta de las elecciones municipales francesas y Tarascón, después del ballotage, tendrá un alcalde del Frente Nacional liderado por Marine Le Pen, líder e hija del fundador del partido de la extrema derecha gala. Alcanzó la mayoría absoluta en la primera vuelta con un programa de alto contenido xenófobo guiado por un eslogan contundente que en una región de muy alto componente migratorio sintetiza el mensaje exigiendo «Francia para los franceses», y excluyendo a los tradicionales trabajadores agrícolas de origen magrebí o subsahariano que desde hace algunas décadas hicieron de la región provenzal su nueva patria.
El auge y crecimiento de esta formación tiene su eclosión electoral cuando se cuestionan los partidos tradicionales, desde el anquilosamiento de una derecha arcaica y dividida, hasta la lectura posibilista y falaz de una izquierda fragmentada que se ha quedado sin argumentos.
El presidente Hollande ha supuesto una profunda decepción colectiva para los que aún creemos que la izquierda europea es todavía posible. El incremento de los precios, la carestía exponencial de los bienes de primera necesidad -París ya se ha convertido en la segunda ciudad más cara del mundo-, la supresión de ayudas sociales, unidos al deterioro creciente de la sanidad y la educación públicas junto a la merma de inversiones, han provocado la nostalgia por estructuras políticas conservadoras entre los electores que están desertando masivamente de las urnas.
Francia, la patria de la tolerancia, de la acogida, de la libertad, la igualdad y la fraternidad, que tiene el más bello de los himnos nacionales, La marsellesa, está mudando la piel.
Y cuando las barbas de tu vecino veas cortar, hay por fuerza que poner las nuestras a remojar. Nos estamos quedando sin discursos convencionales, estamos poniendo patas arriba los genuinos y sólidos valores de la democracia mientras la intolerancia recorre galopante la vieja Europa.
Dentro de un año la rueda electoral se detiene en España, con la cita de los comicios municipales y autonómicos. No valdrán los planteamientos esclerosados ni la parálisis errática de una izquierda sin reinventar. Aquí no existe, en España, afortunadamente un partido de derecha excluyente y de nacionalismo extremo, aunque todo se andará.
Y si Tarascón tiene a Tartarín, no olvidemos que nosotros hace varios siglos que creamos a Sancho Panza, que veía los molinos cuando Alonso Quijano se obstinaba en decir que eran gigantes.