Las semillas de la agitación

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

27 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Solo nos faltaba esto: no saber qué hacer con el orden público. Tras los sucesos de Madrid del día 22 (22-M, nueva fecha emblemática para los indignados), da la impresión de que la autoridad gubernativa está atrapada en una extraña celada: si usa a la policía para reprimir las acciones violentas, se le acusará de provocar e incitar a la violencia; si ordenan a la misma policía que no intervenga con contundencia, se deja vía libre al destrozo urbano y se pone en peligro la vida de los propios agentes. Esto es lo ocurrido en Madrid esa noche, y ahora vienen las consecuencias: los agentes del orden protestan, y con razón, porque sufrieron ataques propios de homicidas y entienden que faltó inteligencia para planificar su actuación.

Al mismo tiempo, la opinión pública (y la publicada) se divide entre quienes reclaman represión dura y quienes sostienen que las fuerzas del orden han provocado a los agitadores. Lo único cierto es que existen grupos, entre los que se cita a Resistencia Galega, siempre dispuestos a aparecer y sembrar el caos urbano. La crueldad con que fue agredido un policía («iban a matarle», sostiene la delegada del Gobierno Cristina Cifuentes) es la expresión máxima de una violencia intolerable. Sean o no sean antisistema, concepto siempre aplicado a esos individuos, practican la guerrilla urbana con buena preparación.

El resultado es siempre lamentable. Lo que ignoramos es si son siempre los mismos o se trata de un movimiento creciente. Si son los mismos, tendrían que estar identificados. Si es un fenómeno creciente, enciéndanse luces de alarma. Fíjense: según fuentes oficiales, en Madrid se han dado cita más de veinte organizaciones violentas distintas. Demasiadas. Aunque sean todas las que hay en España, quienes tienen los datos deberían estudiar urgentemente por qué una parte de la sociedad se organiza y entrena para la agresión. No consigue convertir a España en un polvorín ni es probable que lo consiga, pero es semilla de agitación en un momento de alta insatisfacción ciudadana.

El riesgo de estallido social sigue estando ahí y seguirá creciendo mientras el empobrecimiento y el desempleo sigan creando bolsas de marginados. Es precisa una inteligente actuación policial, por supuesto, porque no se puede dejar la calle a merced de quienes la destrozan. Pero es igualmente precisa la prevención, la investigación y detección de los factores que propician los disturbios, porque la violencia social no se contiene solo con mano dura. A lo peor hay injusticias que se usan para sublevar al gentío. A lo peor hay agobiantes estados de necesidad. A lo peor alguien piensa que los recortes solo se combaten por la fuerza. Y me parece que hay algo de todo.