La vida es una tómbola, tómbola, de luz y de color (calor). Un circo mediático y maniático. Hay para todos y a una velocidad de vértigo. Se suceden los rumores y los amores. Un frenesí. Como si el piano de la realidad estuviese golpeado por los dedos de Ferrari de Jerry Lee Lewis, aquel que incendiaba los escenarios. Así se incendian también las pasiones. Que si el ex primer ministro inglés. Que si el presidente francés. Que si el expresidente norteamericano. Da igual. Todo vale. A veces son las propias familias las que alimentan el monstruo, las que lanzan, interesadas, las presuntas noticias. Jude Law descubrió en un juicio que el que contaba su vida estaba a su lado. Sajamos los corazones y sangran titulares sobre las vidas privadas de los personajes públicos. ¿Dónde está el límite? ¿Hay límite? En la red de Internet, el circo multiplica su eco. Esa realidad instantánea no se detiene nunca. Los malabares que se hacen en algunos sitios sin escrúpulos son espectaculares. Lecciones de lo que jamás vale. El imperio del rumor. ¿Para qué preguntar? ¿Para qué comprobar con la fuente? La información es siempre algo muy serio. La información deformada no es información. Es una tómbola, y tiene el precio de las tómbolas. El crédito de una noticia no está solo en el rédito.