Un tránsito singular

X. Álvarez Corbacho LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

23 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Los que vivimos la transición política solemos reconocer el papel relevante que jugó Suárez en el proceso. Es de justicia reconocer su inteligencia y valentía para afrontar los problemas y dificultades que el tránsito exigía. La legalización del Partido Comunista, la amnistía a los presos políticos, los encuentros con Josep Tarradellas y Ramón Ruibal para recuperar en Cataluña y el País Vasco instituciones destrozadas, impulsando una Constitución democrática, defensora de los derechos humanos y de la cultura, lengua y tradiciones de los pueblos de España, fue su gran legado. En julio de 1976 el rey lo nombra presidente del Gobierno. En 1977 Adolfo Suárez fue ratificado en las primeras elecciones democráticas celebradas desde 1936. Así de trepidante era nuestra transición democrática. Culparle a ella de todos los males y aberraciones que padece la política actual es un error evidente. Van allá 35 años y hay que asumir diversas responsabilidades. Si la educación democrática sigue frágil o ignorada, debemos mirarnos a los ojos y corregir con urgencia nuestros errores.