De la casa de comidas al gastrobar. Entre los muchos viajes que hemos hecho en las últimas décadas, hay uno que tiene un recorrido claro. Del potaje de la abuela a la esencia del potaje de los nuevos genios de la cocina. Y es que también hay aciertos en el nuevo mundo de la gastronomía de calidad. Uno de sus rasgos más positivos es que, en un momento de crisis económica, decenas y decenas de establecimientos han sobrevivido o han encontrado su salida en apostar por reinventar las recetas. Aunque no gusto de gelatinas y esencias, sí es cierto que un grupo de fenómenos han convertido a España en una potencia en los fogones. Y es que las ideas cuando son buenas prenden allí donde se presentan. No hay motivo para renunciar a la casa de comidas. El placer de las lentejas a fuego lento es totalmente compatible con esas tapas increíbles en las que con un suspiro de comida los grandes cocineros son capaces de estimular apetitos y sentidos. Hoy es toda una industria, y Galicia no es una excepción. Todo lo contrario. La calidad de nuestros productos hace que aquí brillen recetas inolvidables. En este país también hemos pasado de los estómagos agradecidos (que son otra cosa) a los estómagos satisfechos.