N ada como morirse para que durante un tiempo hablen de uno. Sobre todo si ese uno es Jerome David Salinger, el escritor de El guardián entre el centeno (que se sigue vendiendo igual que el pan caliente como manifiesto del joven que se rebela a los rigores de la edad adulta). Un autor que jamás quiso salir en las fotos. Que solo buscaba escribir. Un hombre del que pronto aparecen nuevos libros sobre la mítica familia Glass y sobre los Caufield. Será un bombazo. Pero mientras, sale ya un nuevo tocho biográfico sobre ese personaje que prefería que nadie supiese quién era la persona que estaba detrás de sus textos. No falla, cuando más te niegas a la popularidad, más morbo. David Shields y Shane Salerno han firmado un meritorio trabajo que presentan como una especie de documental, en el que se limitan a transcribir voces y más voces de las personas que conocieron, vivieron y trataron de una u otra forma al genio que se escondía en su castillo. Salen las aristas de este hombre difícil. Su creciente espiritualidad que lo llevó a Vedanta. Las heridas de su participación en la Segunda Guerra Mundial, del desembarco de Normandía a los campos de concentración. El daño irreparable de esa Oona, hija del dramaturgo O?Neill, que lo dejó por un tal Charles Chaplin. Sus tres matrimonios, el trato cuando menos extraño con sus hijos, en fin, el (mal) genio del genio.