Hay vidas que parecen contener millones de vidas. Como muñecas rusas, dentro unas dentro de otras. Como una avanzadilla de espermatozoides. Hay vidas que semejan increíbles, casi imposibles de contar. Con ese millón de vidas que contiene la biografía de Eduard Limónov, el autor francés Emmanuel Carrère ha hecho un libro alucinante. Tan alucinante como todo lo que ha vivido siempre al límite Limónov. Parece inventado, pero existe. Es de carne y hueso, real. Y Carrère nos lo cuenta muy bien. Deja que el personaje fluya hasta en los episodios más dudosos de su vida, como cuando apoyó a los serbios en la guerra de los Balcanes. Ahí está el Limónov clandestino en la antigua Unión Soviética. Un poeta y un pendenciero que tiene que exiliarse en Nueva York. Ahí está en Nueva York, como vagabundo, como mayordomo de un rico, como escritor de sus propias autobiografías tremendas. Libros que triunfan y que hacen que vaya a Francia y sea amado por la vida artística de París. Luego, las sombras en los Balcanes (Limónov tenía que vivir también una guerra) y otra vez, Moscú. Y tiempo todavía para fundar contracorriente un Partido Nacional Bolchevique y para ser hoy opositor del nuevo zar Putin. Dicen que todo en Rusia es excesivo, el frío y la pasión. El alma rusa. Limónov lo es.