Sucede algo sobre el cuadrilátero verde y vuelven los piques sobre el Balón de Oro a Cristiano Ronaldo. Si el premio es al mejor jugador del mundo, tenía que ganar Messi. Si el premio es al que más rendimiento dio en el 2013, como si hablásemos de fábricas, tenía que ser para Cristiano. Y si el premio es al que más títulos levantó, está claro que no había otro triunfador que Ribery. El resultado ya se sabe: ganó Cristiano y le dolió a mucha gente. Ni las lágrimas, ni su pareja, ni su madre, ni el niño revoloteando por el escenario apagaron el incendio contra Cristiano por su victoria. Seguramente pagó antiguas ('antiguas') soberbias. Lo cierto es que este Balón de Oro sufrió una extraña deriva. Primero se reabrió el plazo de votación, y algo hizo que ya no pareciese que Ribery era el vencedor. Después a Cristiano le alfombraron el camino las lesiones de Messi. Es mucho más fácil ganar un título si no tienes a tu gran rival enfrente. Es como si Alí en vez de pelear contra Frazier tuviese que pelear solo contra el aire para ganar la corona. Ribery está un peldaño por debajo de Cristiano, y dos por debajo de Messi. Esa es la realidad, si los tres están en forma.