Y este sol de la infancia. Son las dos líneas que en un bolsillo del viejo gabán había guardado el poeta. Viejo, cansado, enfermo y derrotado, hoy, 22 de febrero, se cumplen 75 años de su muerte en el exilio. Falleció en Colliure, en Francia, poco antes de acabar la guerra incivil española. Su nombre: Antonio Machado.
Muchos de los adolescentes que esta semana se manifestaron contra la nueva ley de educación no han leído ningún poema de Machado, y un alto porcentaje de estudiantes de bachillerato desconocen al autor. No saben quién ha sido.
Su poesía es un prodigio de luz, un manantial de agua cristalina, una brisa que se mece en el colo de las tardes de abril. Sus poemas son la pedagogía primera de todo lo esencial, un catálogo de olores y paisajes, es Castilla y su geografía de mesetas infinitas, es Soria y es Segovia, los campos castellanos de vino y pan llevar, es Leonor y la pasión, es la lealtad a la República, la honestidad y la coherencia. Conocer con precisión cómo es la monotonía de la lluvia tras los cristales, la denuncia de la tiranía, la alabanza de las pequeñas cosas, la reivindicación de los débiles, la búsqueda de la esperanza en los efímeros milagros cotidianos, el oficio de desandar los caminos, todos, en donde brotan las palabras y nacen los poemas.
Los rapaces de mi generación recitábamos de memoria los poemas aprendidos de Machado, la poesía popular que declamábamos como quien deletrea una oración civil, laica, dirigida a todos los dioses que habitan el Olimpo.
Y hoy el olvido llega a la nómina de los grandes poetas que poblaron nuestro sueño. Pobre país aquel que desconoce la voz que sostiene la palabra, pobre país aquel que no mide su historia literaria en las estrofas, en las páginas escritas de la gran crónica de la literatura, pobre país aquel que desprecia todo lo que ignora.
Los días ya están siendo azules, pese a que aún se asoman tímidos al anuncio de una nueva primavera presentida, y nos llevan al sol de la infancia, a los días en los que nunca llegaba la noche, cuando la vida era todavía un proyecto alcanzable.
La patria de los poetas es la nación utópica que nunca se conquista, un territorio que es hogar de soñadores donde ondea la bandera de la libertad tejida con nubes que no se detienen al fondo del paisaje.
Estos días azules están llenos de prisas que corren a ninguna parte detrás de los silencios.
El poeta estaba cansado, vencido, enfermo y viejo. Embargado de una infinita tristeza.
Su país quedaba al otro lado de los Pirineos. Murió en Colliure. Hace hoy 75 años.