¿Crédito? Poco y para pocos


¿Y el crédito? Hay poco, y el poco que hay es de pocos. ¿Y por qué? Por varias razones, y entre otras, porque nos lo robaron. ¿Y quién? El Estado, que ante la vida o la muerte, eligió, para él, la vida, y para nosotros, la muerte. Y quizás fue lo lógico, si él hubiera fallecido, nosotros también hubiéramos caído. Ya ve, mala jugada de ajedrez, al empresario español, se mueva hacia donde se mueva, siempre le lanzan un jaque mate.

Ni el Banco de España ni el Gobierno de Zapatero comprendieron a tiempo la naturaleza de esta crisis, minusvaloraron la deflación de los activos inmobiliarios y cuando, desde el exterior, los despertaron de su sueño de Morfeo reaccionaron con la brutalidad de un gigante en un día de mal despertar. Cada manotazo fue un nuevo decreto de provisiones a la banca, y estas, al no poder cubrirse con el negocio ordinario, minoraron la cuenta de capital, a la vez que obligaron a reducir el nivel de riesgo de la entidad. Para esto último, cortaron la financiación al sector privado (elevado riesgo) para dársela al Estado (riesgo nulo). De un día para otro, miles y miles de empresarios vieron, atónitos, cómo no les renovaban sus pólizas de crédito y con ello se les cerraba su última bombona de oxígeno. Ante la mirada amenazante de la sociedad, el Gobierno miró para otro lado, como cruel adolescente. Y al ser preguntado, dijo que ni sabía ni entendía qué estaba pasando, pero lo que sí comprendía era que su deuda se estaba vendiendo a una velocidad que nunca habría alcanzado si hubiera dejado con vida al sector privado. Sector al que ahora desea hacerle el boca a boca. Llega tarde, muchos ya no volverán a respirar. ¿Se podían haber hecho las cosas de otra manera? Claro que sí. Solo hubiéramos necesitado ser gobernados por estadistas y no por políticos profesionales.

El pasado ahí está. ¿Y el hoy? Abierto para unos pocos, para aquellos con proyectos de crecimiento, y estos solo se pueden construir gestando negocios en el exterior. Estas empresas sí tienen crédito, es más, les ofrecen más de lo que ellas llegan a necesitar y a precios relativamente bajos. Ya ve, también en el crédito hay desigualdades. La barra libre ha desaparecido. Ahora, al igual que antes, se sigue vendiendo alcohol, pero solo en establecimientos con derecho de admisión. Pero ¿qué harán miles y miles de autónomos gallegos que por su tamaño o modelo de negocio nunca podrán soñar con la internacionalización? Esperar, y mientras, si les es posible, ir amortizando sus  deudas. Para ellos, el crédito llegará con el crecimiento de España, y este ya ha empezado a llamar a la puerta.

Venancio Salcines es presidente de la Escuela de Finanzas.

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