Reflexión como iniciativa, más allá de la indignación por los comportamientos corruptos. No vale, tan solo, preocuparse por el espacio político, hay que movilizar la crítica total en la sociedad civil y desde las propias convicciones culturales.
Ser alguien. ¿Para qué? Es lo que se preguntan los universitarios al finalizar su periplo docente. Este tinglado económico laboral los pone en el mercado, donde son meros asientos contables. O lo que es peor, formando titulados para la emigración.
Ser ciudadano requiere conciencia para diferenciar entre favores, mercancías y derechos. Sin duda, la gran estafa del sistema instalado por una minoría que con su capital lo compra todo.
Ser es saber de dónde vengo. El orgullo de pertenecer a un viejo pueblo que ha conquistado capítulos imprescindibles en la historia. Precisamente desde esa cultura identitaria hay que sacar fuerzas para cambiar el mundo.
Y es aquí donde se plantea qué hacer. No como un deber impuesto. Como una ética necesaria. No vale exilarse de la política, ella nos encuentra y nos usa al antojo de los poderes fácticos.
Hacer es preocuparse para ocuparse. Es descubrir, más allá del momento, las modificaciones en la práctica de los derechos fundamentales después del enfado. La libertad hay que defenderla y conquistarla todos los días. La dignidad de poder decidir -caso del aborto- no se puede dejar en manos de un hipócrita Estado laico que sigue rendido a la España devota de Frascuelo y de María.
Hacer sigue siendo un sueño, un camino por la utopía, que permite avanzar hacia otra realidad, más justa, más civilizada, más solidaria.
Hacer requiere de igualdad de oportunidades para alcanzar desde la actitud militante la aptitud necesaria para promover el renacimiento de una nueva generación de dirigentes en todos los espacios. El problema de España no es solo partitocrático y de Gobiernos, afecta a todos los lugares desde los que se puede y deben tomar decisiones.
No vale ni resulta soportable el «no hay nada que hacer». Equivale a nuestro «ten que ser» o «é o que hai». Hacer no tiene más límites que nuestra propia estima. Incluso podemos descubrir que somos capaces de hacer mucho más que lo que nos asigna el teatro del mundo oficial. Unas veces como coro de Verdi entonando el canto a la libertad del Va Pensiero. Otras como en Aida, marchando para alcanzar la madre tierra Isis.