Nuestra frágil democracia

X. Álvarez Corbacho DEBATE

OPINIÓN

La democracia decae cuando en el sector público brota la transacción mercantil. Es decir, cuando el dinero y los favores dominan la escena, son excesivos y generan hábito. Desde el nepotismo, más o menos descarado, hasta la subvención infinita y clientelar; desde los favores urbanísticos hasta el contrato amañado y recurrente; desde rescatar empresas concesionarias hasta multiplicar los beneficios tributarios crecientes. El resultado final de comportamientos tan extendidos y tolerados es lamentable. Los Gobiernos se instalan en el paternalismo, el clientelismo y la irresponsabilidad. La oposición redobla el insulto y la descalificación. Los ciudadanos contemplan el espectáculo, se enfadan y crece el desafecto.

¿Por qué nuestra democracia es tan frágil y decadente? ¿Por qué los partidos políticos no diagnostican y debaten con urgencia el problema para encontrar soluciones adecuadas? ¿Por qué los ciudadanos votantes y contribuyentes no castigan con su voto estas tropelías? ¿Por qué la Justicia y los órganos de control son tan lentos en estas cuestiones? La respuesta no es sencilla porque afecta a valores y sentimientos marcados a fuego por nuestra historia y por nuestra incultura democrática. En los últimos doscientos años España fue un país enfangado en guerras civiles, turnismos y dictaduras. Un magma que impregna también la transición y explica una parte de nuestro comportamiento. Por eso necesitamos con urgencia instituciones públicas robustas y agrandar con la educación democrática.

La operación Pokémon es un ejemplo ilustrativo que anuncia miserias diversas expresadas esta vez en el ámbito local. El hecho de que las compensaciones monetarias o la dimensión del regalo sean aquí modestas no altera o evita su gravedad. Detrás del dinero o de una caja de puros está el favor, el trato desigual, la infracción normativa. Por eso pensamos que el mejor agradecimiento de un ciudadano a su alcalde o concejal es premiarlo con su voto en las próximas elecciones, si se presentan, o bien expresándoles directamente o por escrito su gratitud por la gestión realizada. Todo lo demás sobra. Los Gobiernos están para desarrollar proyectos políticos avalados por las urnas, donde el interés general y el bienestar social son prioritarios. Agradecer un beneficio personal no debiera tener sentido, puesto que ese beneficio particular se presume integrado en el proyecto general.

El gobierno municipal lo eligen los vecinos; gestiona nuestro dinero y el patrimonio común durante un tiempo. Esa gestión debe ser transparente, cumplir lo prometido, ayudar siempre al necesitado y rendir cuentas. En este contexto, cualquier regalo recibido debe ser devuelto con discreción y en silencio.

Los límites éticos y legales de los obsequios

El sumario de la operación Pokémon saca a la luz que la costumbre de hacer valiosos regalos a los responsables públicos sigue siendo una práctica habitual. ¿Dónde acaba la cortesía y empieza la compra de favores?