¿Por qué usted no percibe la recuperación?

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

06 feb 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Me dice usted que no percibe una franca mejoría. No me lo puedo creer. Hágase mirar la vista o el bolsillo: o padece acusada miopía o tiene rota la faltriquera. ¿Acaso se atreve usted a discutir el diagnóstico del especialista? ¿No escuchó a Rajoy en Valladolid? ¿No sabe que estamos «en un momento fantástico», como dijo Botín, y «a España le está llegando dinero por todas partes»? O bien responde usted al prototipo del escéptico contumaz o bien lo ofusca su militancia partidista. En este último caso, al igual que antes Chávez y ahora Rubalcaba, debería callarse. Y rumiar en silencio su penitencia.

Sepa usted que el PIB ya se levanta de la cama, las exportaciones continúan creciendo como la espuma, el turismo marcha como un tiro, la banca se ha restablecido después del boca a boca, al desbocado déficit público le hemos apretado las clavijas y hemos reanudado el idilio con los acreedores. Tenemos una economía más competitiva y los inversores extranjeros, que antes huían despavoridos por los Pirineos, ahora hacen cola para prestarnos dinero y seguir alimentando la montaña de la deuda.

Alega usted que los salarios siguen bajando y el paro creciendo. Que todavía en enero se fueron al garete más de 184.000 puestos de trabajo. Que 78 de cada cien parados cobraban algún tipo de prestación o subsidio y que ahora la cobertura apenas alcanza a 62 de cada cien. Que el Estado de bienestar está siendo desmantelado a marchas forzadas. Que las tuberías del crédito permanecen atascadas y que, sin flujo financiero, languidecen el consumo y la inversión. Que la desigualdad se ha disparado, provocando suculentas ganancias a unos pocos y atroces pérdidas a la mayoría...

Compruebo por sus objeciones que no ha entendido nada. Esos que cita son algunos de los sacrificios necesarios. Tuvimos que purgar los excesos cometidos. Porque en este país, tal vez lo haya olvidado, se celebró un banquete pantagruélico. La grande bouffe. Los comensales se atiborraron e incluso hubo que echar mano de extranjeros para servir la mesa. Nos endeudamos a lo grande. Y a la hora de pagar la enorme factura descubrimos que nos habían retirado la tarjeta de crédito. Tuvimos que aplicar el amargo ricino de la devaluación interna y despedir a unos cuantos millones de camareros y ayudantes de cocina.

Pero todo eso es agua pasada. Los platos están volviendo a la mesa y algunos comensales, si el testimonio de Botín es veraz, ya saborean los entrantes. La recuperación está en marcha. ¿Que usted no la percibe? Paciencia, hombre, fíese de nosotros. Aguarde a que los comensales se harten y ya verá cómo los manjares, o las migajas, se desparraman por el entorno de la mesa.

Sostiene usted que no es justo haber pagado la comilona de antaño, sin haberla disfrutado, y ser ahora el último en recibir los dividendos de la cacareada recuperación. ¡Pero qué cosas dice! ¡Cállese de una vez!